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viernes, 25 de noviembre de 2011

El aborto nunca es un bien, dice Derecho a Vivir a P. Novoa

La plataforma pro-vida española Derecho a Vivir (DAV) también respondió al sacerdote jesuita Carlos Novoa de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) quien en distintas ocasiones ha expresado públicamente su apoyo al aborto y le recordó que "no hay circunstancia que nos haga llegar a la conclusión de que el aborto puede ser un bien".

En una declaración enviada el 22 de noviembre a ACI Prensa, DAV contesta así al reiterado apoyo al aborto que el P. Novoa ha expresado en diversos medios de comunicación tergiversando la enseñanza de la Iglesia Católica, manipulando incluso la encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II.

DAV señala que "como hemos venido reiterando desde hace años, nada justifica que un ser humano sea eliminado de manera deliberada" y precisa que "los pseudo argumentos que esgrime Carlos Novoa son los mismos que los defendidos por los grupos de presión del feminismo radical y conocemos tanto su debilidad como sus respuestas".

El P. Novoa ha dicho, entre otras cosas, que el aborto terapéutico es ético y que como ciudadano es "respetuoso" de la decisión de la Corte Constitucional de Colombia que en 2006 despenalizó el aborto en tres casos, lo que la valido el aplauso de la famosa abortista Mónica Roa quien lo presenta como "un cura a favor del aborto".

DAV afirma luego que la falacia del aborto clandestino que también defiende el sacerdote colombiano jesuita es "una más de tantas que esgrimen aquellos que se dicen defensores de la mujer y al tiempo no hacen nada por impedir que sufran en sus carnes la tragedia del aborto".
"La solución a una situación de dificultad para una mujer embarazada nunca pasa por matar a su hijo. Si no por ofrecerle ayuda, por darle motivos de esperanza", advierte.

La plataforma pro-vida señala también que "el pueblo de Colombia debe aprender de la trágica experiencia española, donde la legislación ha llevado a una población crecientemente en vejecida cercana a 45 millones de personas a soportar más de 120.000 abortos anuales".
"Esta es una de las claves fundamentales del suicidio demográfico que se cierne sobre una Europa en crisis. La vida es prosperidad. A mayor número de nacimientos, mejor se sostiene el estado de bienestar, más riqueza se produce, más futuro se anuncia para la sociedad".
Finalmente DAV resalta que "Colombia y los otros países hermanos de la América hispana están en grave riesgo. En España lo hemos experimentado y tratamos de salir adelante. No caigan en la misma trampa, que además es una trampa mortal".

El pronunciamiento de DAV se suma al de Vida Humana Internacional que el 17 de noviembre recordó al P. Novoa que "no existe ninguna justificación para el aborto", al del Presidente del Tribunal Eclesiástico de Colombia, Mons. Libardo Ramírez, al del sacerdote dominico colombiano Fray Nelson Medina, a las críticas del experto canonista P. Luis Gaspar y del líder pro-vida latinoamericano Carlos Polo.

Entre quienes han protestado por el apoyo al aborto del P. Novoa, está también un grupo de jóvenes en Bogotá que se manifestaron en la Pontificia Universidad Javeriana donde solicitaron a los obispos y a la Compañía de Jesús que se pronuncien sobre este caso.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El «Derecho a Morir» y el «Matar por Misericordia»

Dr. Luis E. Ráez
Hace algún tiempo, los partidarios de la eutanasia, conscientes de que el pueblo estadounidense no está dispuesto a empezar a matar a sus propios ciudadanos, inventaron el término «suicidio asistido» como un eufemismo que pretende ocultar su verdadera intención: legalizar la eutanasia en el país. La eutanasia es matar al paciente con o sin su consentimiento, mientras que el suicidio asistido sería proporcionarle fármacos o herramientas para que se mate, como solía hacer el tristemente célebre «Dr. Muerte», Jack Kevorkian.

En los últimos años, las batallas por la legalización del suicidio asistido han aumentado. Con votaciones en Washington, California y Oregon, y su aprobación en este último estado ha surgido una total contradicción para el ejercicio natural de la medicina, que implica dispensar medicinas para salvar vidas y no para matar personas.

El Fiscal General de Estados Unidos, John Ashcroft, ha pedido detener tales prácticas no sólo por ser inmorales sino por ir contra las leyes federales que regulan el uso de narcóticos para aliviar el dolor de pacientes enfermos. Que el pueblo de Oregon haya votado a favor del suicidio asistido no legitima esta inmoralidad y sólo revela la ignorancia y confusión de la gente debido a la fuerte propaganda a favor. Si se legalizara el suicidio asistido en Estados Unidos se abrirían totalmente las puertas a la eutanasia ya que la mayoría de candidatos para estas prácticas serían pacientes con enfermedades crónicas como Alzheimer y otras demencias seniles (se calcula que hay más de tres millones de americanos viviendo en asilos), así como pacientes terminales con cáncer y SIDA.

Todos estos son pacientes con muy poca lucidez mental para tomar decisiones tan trascendentales y muchos de ellos están profundamente deprimidos por la situación difícil que atraviesan. En una cultura de muerte como la que vivimos, lo que es verdad y lo objetivo se relativiza con facilidad. La cultura y la publicidad están muchas veces al servicio de grupos de poder e interés como los partidarios de la eutanasia.

Un buen ejemplo es la propaganda a favor del suicidio asistido que promociona los mal llamados «derecho a morir» y «matar por misericordia». El «derecho» a morir simplemente no existe ya que uno no elige morir, así como uno no elige nacer, o no elige respirar. La muerte es parte natural de la vida del ser humano. Comprendo que en una cultura como la que vivimos donde nos hemos acostumbrado a hablar e inventar nuevos «derechos», algunos lectores se sientan incómodos con esta afirmación.

El suicidio es ilegal en Estados Unidos y existe justificación, considerando que la mayoría de suicidas son personas con problemas mentales y la mitad de ellos han visitado un médico por esa razón en los meses anteriores a suicidarse «Matar por misericordia» es otra aberración debido a que sólo Dios da la vida y sólo Él la puede quitar. Los veterinarios comúnmente «matan por misericordia» animales enfermos que ya no son útiles para el hombre, pero en este caso, hablamos de seres humanos.

La dignidad de la persona humana es trascendental porque el hombre ha sido creado por Dios y reconciliado por el Señor Jesús. No hay situación ni dolor que lleve a una persona a «valer menos», ser «menos digna» o «perder su dignidad». Numerosos documentos de la Iglesia comentan el tema como la Declaración sobre la eutanasia (1980), publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe; el documento del Pontificio Consejo «Cor Unum» titulado Cuestiones éticas relativas a los enfermos graves y a los moribundos (1981); la encíclica Evangelium Vitae (1995) del Papa Juan Pablo II y la Carta a los Agentes Sanitarios, elaborada por el Pontificio Consejo para la pastoral de la salud (1995).

En diciembre del año 2000, la Academia Pontificia por la Vida publicó un documento sobre la dignidad de la persona moribunda, en el cual se explica cómo la visión subjetiva de los que contemplamos el dolor y no entendemos el valor del sufrimiento humano, conduce a la desesperanza de considerarlo intolerable optando por la muerte como única salida. Rechazar la idea misma de sufrimiento, está cada vez más difundida en una sociedad dominada por el falso bienestar y el hedonismo. En el nombre de la autonomía, la persona que tiene responsabilidad sobre su cuerpo y su vida, traiciona su esencia fundamental cuando atenta contra su vida.

La autonomía personal tiene como primer presupuesto el hecho de estar vivos y exige la responsabilidad del individuo, que es libre para hacer el bien según la verdad; y sólo llegará a afirmarse a sí mismo, reconociendo que ha recibido como don su vida, de la que, por consiguiente, no es «amo absoluto». En definitiva, suprimir la vida significa destruir las raíces mismas de la libertad y la autonomía de la persona. El Papa Juan Pablo II en su mensaje a los enfermos en México en 1999 recordó que «el dolor es un misterio, muchas veces inescrutable para la razón. Forma parte del misterio de la persona humana, que sólo se esclarece en Jesucristo, que es quien revela al hombre su propia identidad. Sólo desde Él podremos encontrar el sentido a todo lo humano. El sufrimiento -como he escrito en la Carta Apostólica Salvifici Doloris - 'no puede ser transformado y cambiado con una gracia exterior sino interior [...] Pero este proceso interior no se desarrolla siempre de igual manera [...] Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo».

sábado, 5 de noviembre de 2011

La Eutanasia

Cuando, hace casi dos años, el Comité Episcopal para la Defensa de la Vida, dependiente de la Conferencia Episcopal Española, presentó a la opinión pública el libro "EI Aborto: 100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana y la actitud de los católicos", ya anunció que aquel era efímero de una serie de publicaciones que verían la luz en el futuro. Una era la idea común: estudiar el valor y la dignidad de la vida humana desde la peculiar óptica que implica el tratamiento monográfico de un problema de actualidad. En aquella primera ocasión se trató del aborto; hoy, de la eutanasia.

El amplio debate social generado por aquellas" caen cuestiones sobre el aborto", la difusión lograda por el texto en España, en Hispanoamérica y en toda Europa, especialmente en los países recién salidos de la experiencia comunista, no dejó de ser un acicate importante para el Comité a la hora de dar cumplimiento a su propósito inicial de continuar aquel trabajo sobre el aborto con otros temas de similar actualidad. El millón de ejemplares vendidos de las" 100 cuestiones sobre el aborto" y las noticias de su permanente uso como instrumento de trabajo y estudio en los más variados ambientes escolares, académicos y religiosos de varios continentes, han incentivado el esfuerzo intenso del Comité Episcopal para la Defensa de la Vida que ha trabajado durante más de un año en múltiples reuniones plenarias y de ponencia, para perfilar el texto que ahora se hace público.
Médicos, filósofos, farmacéuticos, enfermeras, teólogos, juristas, moralistas, han escrito, reescrito, discutido y redactado finalmente este texto sobre la eutanasia durante largos meses de trabajo, pretendiendo lograr un producto final fiel al doble objetivo de esta colección de trabajos: rigor técnico y científico en el tratamiento y claridad y sencillez en la exposición.

Mientras preparábamos este trabajo se han celebrado dos referendums en los EE.UU., sobre la eutanasia, rechazando en ambos la mayoría de los ciudadanos su legalización; se ha reabierto en Holanda el debate - una vez más en aquel país - sobre la despenalización de las prácticas eutanásicas; en distintos países han saltado a los medios de comunicación social noticias sobre "casos", sentencias, opiniones y propuestas referentes a la eutanasia. Estos hechos no han alterado el plan de trabajo del Comité, aunque hayan sido estudiados, valorados y considerados.
Cuando nuestro trabajo estaba casi acabado, el Gobierno Español ha aprobado un Proyecto de Código Penal - actualmente en trámite en el Congreso de los Diputados - en el que se regula la eutanasia como un delito singular acreedor a una pena sensiblemente más liviana que la del homicidio. Se Inicia así en nuestro país la tendencia de "comprensión jurídica" hacia las prácticas eutanásicas que, nos tememos, puede acabar a corto plazo con su total impunidad como ha sucedido con el aborto, despenalizado parcialmente para atender a determinados "casos extremos" y legalizado en la práctica hasta el punto de constituir ya un lucrativo negocio amparado incluso por 

determinadas instituciones del Estado.
La iniciativa legislativa del Gobierno hace de total actualidad el presente trabajo que pretende servir como elemento de reflexión para todos los ciudadanos - también para quienes emiten su voto como Diputados y Senadores - y como factor de formación para la conciencia ilustrada de los católicos.

Este documento aborda la eutanasia sin rehuir ni ocultar los argumentos de sus partidarios; sin omitir los puntos de vista más conflictivos; sin silenciar los temas más polémicos, pues creemos que la sociedad - los católicos y quienes no lo son - puede y debe dedicar un tiempo razonable a reflexionar y lo formarse antes de emitir un juicio sobre cuestión de tal relevancia.
En nuestro tiempo crecen sentimientos de ideas muy acordes con la idea de hombre, de justicia y de derechos humanos que subyace en este trabajo, pero a la vez se imponen en nuestras sociedades prácticas incompatibles con la dignidad humana. 

El Comité Episcopal para la Defensa de la Vida está convencido de que podemos impulsar los aspectos más positivos de nuestra cultura si todos hacemos un esfuerzo para ser coherentes con el humanismo que ha inspirado los aspectos más positivos de la Modernidad. Por ello, ofrece a la consideración responsable de todos los ciudadanos - también de los políticos, los médicos, educadores, familias y demás personas que han de decidir sobre la eutanasia -, un trabajo que se inspira en un profundo respeto por cada hombre, por cada mujer, por cada ser humano, que - para quienes creemos en Dios - es objeto de un amor singular y personal desde antes de la creación y no acabará jamás, proyectándose tras la muerte por la eternidad.

¿Qué es la eutanasia?

La palabra "eutanasia" a lo largo de los tiempos ha significado realidades muy diferentes. Etimológicamente, eutanasia (del griego "eu", bien, "Thánatos", muerte) no significa otra cosa que buena muerte, bien morir, sin más.

Sin embargo, esta palabra ha adquirido desde antiguo otro sentido, algo más específico: procurar la muerte sin dolor a quienes sufren. Pero todavía este sentido es muy ambiguo, puesto que la eutanasia, así entendida, puede significar realidades no sólo diferentes, sino opuestas profundamente entre sí, como el dar muerte al recién nacido deficiente que se presume que habrá de llevar una vida disminuida, la ayuda al suicida para que consume su propósito, la eliminación del anciano que se presupone que no vive ya una vida digna, la abstención de persistir en tratamientos dolorosos o inútiles para alargar una agonía sin esperanza humana de curación del moribundo, etc.

¿Qué se entiende hoy por eutanasia?

Hoy, más estrictamente, se entiende por eutanasia el llamado homicidio por compasión, es decir, el causar la muerte de otro por piedad ante su sufrimiento o atendiendo a su deseo de morir por las razones que fuere.

Sin embargo, en el debate social acerca de la eutanasia, no siempre se toma esta palabra en el mismo sentido, e incluso a veces se prefiere, según el momento, una u otra acepción para defender tal o cual posición dialéctica. Esto produce con frecuencia la esterilidad del debate y, sobre todo, grave confusión en el común de las gentes.

¿Es, pues, especialmente importante el significado de las palabras en esta materia?

Es de extrema importancia, porque, según la significación que se dé al término eutanasia, su práctica puede aparecer ante las gente como un crimen inhumano o como un acto de misericordiosa solidaridad. Estas diferencias tan enormes obedecen con frecuencia a la distinta manera de entender la significación de la palabra, es decir, la realidad que se quiere designar.

No se puede ignorar, sin embargo, que en el debate público también se da no pocas veces, por 
parte de los patrocinadores de la eutanasia, una cierta manipulación - querida o no - de las palabras, cuyo resultado es presentar ante la opinión pública la realidad de la eutanasia como algo más inocuo de lo que es (se dice "muerte dulce", "muerte digna"), y propiciar así su aceptación social; como si no existiera, o fuera secundario, el hecho central de que en la eutanasia un ser humano da muerte a otro, consciente y deliberadamente, por muy presuntamente nobles o altruistas que aparezcan las motivaciones que lo animen a ejecutar tal acción y por poco llamativos que sean los medios que utilice para realizarla.

Todo esto no quiere decir que el debate sobre la eutanasia dejaría de existir si todos hablásemos de lo mismo y otorgásemos al término idéntico significado. El debate también se produciría aun cuando por eutanasia todos entendiesen una sola cosa: el causar la muerte de otro, con su consentimiento o no, para evitarle dolores físicos o padecimientos de otro tipo, considerados insoportables.

Tomada la eutanasia de esta manera, existen algunas personas y grupos partidarios de legalizarla y de darle respetabilidad social, porque interpretan que la vida humana no merece ser vivida más que en determinadas condiciones de plenitud, frente a la convicción mayoritaria que considera, por el contrario, que la vida humana es un bien superior y un derecho inalienable e indisponible, es decir, que no puede estar al albur de la decisión de otros, ni de la de uno mismo.